Anoche me quedé hasta tarde viendo el evento de Apple. La verdad, cómo se ve el nuevo teléfono, cuánto más rápido es el chip, esas cosas interesan, claro, pero lo que más me llamó la atención fueron los pequeños detalles. ¿Te has fijado? Cada vez que Apple lanza un producto nuevo, los pequeños iconos en su web, los distintos símbolos en las apps, incluso ese pequeño cuadradito casi invisible en la esquina de los pósteres promocionales, todo transmite un cuidado exquisito. Estas cosas por separado parecen no ser nada, pero juntas crean esa esencia que te hace reconocer al instante: "esto es Apple".
Me refiero a ese pequeño icono que aparece en la pestaña del navegador, en los marcadores, en la pantalla de inicio del móvil: el Favicon. Puede que normalmente ni lo mires de frente, pero trabaja para ti todos los días. Piensa: el usuario abre veinte pestañas, todas llenas de texto, ¿por qué va a encontrar tu sitio web de un vistazo? Gracias a ese pequeño icono del tamaño de una semilla de sésamo. Apple lo sabe bien: su Favicon es siempre sencillo, siempre altamente reconocible; incluso reducido a 16 píxeles, sabes que es Apple y no otra marca.
Mucha gente que crea sitios web o productos gasta un dineral en el logo, en la identidad visual, pero a la hora del Favicon, sube una imagen cualquiera, o simplemente no lo configura y deja que el navegador muestre el icono de página en blanco por defecto. Eso es como llevar un traje a medida y calzar unas chanclas: todos los detalles se vienen abajo.
En realidad, el Favicon, aunque pequeño, es importante. Es la primera barrera visual entre la marca y el usuario. Antes de que el usuario haga clic en tu página, ya ve ese pequeño icono en la pestaña y, sin darse cuenta, ya te ha puesto una nota. Un icono borroso, deformado por el estiramiento, sin relación con la marca, transmite la señal de que "este sitio web puede no ser fiable". Por el contrario, un icono nítido, sencillo y coherente con la identidad visual principal de la marca, aunque el usuario no recuerde tu nombre de momento, la próxima vez que vea ese cuadradito, en su mente aparecerá: "ah, ese sitio web".
Entonces, ¿cómo solucionar esto? Antes se pensaba que hacer un Favicon era complicado: recortar la imagen, ajustar tamaños, convertir formatos, y además adaptarlo a distintos navegadores y sistemas operativos. Hoy existen herramientas generadoras de Favicon: subes una imagen y automáticamente te la cortan en varios tamaños, 16x16, 32x32, 180x180, incluso el touch icon de Apple te lo preparan; lo descargas, lo pones en el directorio raíz de tu web y listo. El tiempo que ahorras, ¿no es mejor invertirlo en pensar cómo escribir el texto, cómo optimizar el producto?
En el evento de Apple, lo que se descubre no son las especificaciones, sino esa actitud de tratar cada detalle como la imagen de la marca. Los pequeños iconos son la primera clave para la identidad de marca; si no superas esa prueba, por mucho que digas después, todo queda a medias. Dedicar diez minutos a arreglar el Favicon es más efectivo que poner diez eslóganes en la página de inicio. De verdad, no dejes que ese cuadradito arrastre tu marca hacia abajo.