Después de los despidos en las grandes tecnológicas, acepté trabajos freelance y descubrí que lo que más le importa al cliente es el formato del código
Después de que me despidieran de una gran tecnológica, acepté trabajos freelance. Pensaba que con tener buena técnica bastaba, pero el primer cliente se quejó de que el código era un desastre y no se entendía. Resulta que a los ojos del cliente, el código comprimido y ofuscado es como un libro sellado, mientras que un código bien formateado representa profesionalismo y fiabilidad. Este artículo comparte esa experiencia y habla de por qué la legibilidad del código es más importante que presumir de técnica, y cómo una pequeña herramienta de formateo me ayudó a ganarme la confianza de los clientes.