Hace unos días comí con un colega que trabaja en backend, y se quejaba de que ahora la IA escribe código como si tuviera un truco bajo la manga; antes te pasabas un buen rato depurando una interfaz, y ahora te la saca en segundos. Pero lo curioso es que últimamente ha estado dedicando más tiempo al formateo de XML. Al oírlo me reí, ¿no es eso una reliquia de hace diez años? ¿Cómo es que ha vuelto con fuerza?
Luego me mostró un archivo de proyecto y me callé. Era un conjunto de configuración de microservicios; la lógica del código generado por IA no tenía problemas, pero la configuración XML parecía un teclado pisoteado por un gato: sangrías descontroladas, etiquetas anidadas de forma irreconocible, comentarios y código mezclados. Dijo que eso aún era lo de menos; a veces la IA perdía el espacio de nombres o confundía las comillas en los valores de los atributos, lo que directamente impedía que el servicio arrancara.
En ese momento, la herramienta de formateo XML se convierte en un salvavidas. Aunque parezca una función simple, su trabajo es bastante crucial. Primero, ordena ese enredo y hace que la jerarquía de etiquetas sea clara de un vistazo, para que el ojo humano pueda recorrerla y localizar problemas rápidamente. Segundo, unifica el estilo: lo generado por IA a veces usa dos espacios de sangría, a veces cuatro, y el orden de los atributos es aleatorio; al ejecutar la herramienta de formateo, todo el proyecto queda inmediatamente ordenado.
Más importante aún, el XML no es tan tolerante como el JSON. Un error de formato en JSON a lo sumo causa un fallo de análisis; pero si en XML falta cerrar una etiqueta o faltan comillas en un atributo, eso realmente afecta a todo el conjunto. La IA escribe código rápido, sí, pero con cosas de estructura fuerte como XML a veces se confunde, especialmente cuando hay validación DTD o Schema. En esos casos, pasar una herramienta de formateo equivale a hacer una revisión estática, que puede bloquear por adelantado muchos errores básicos.
Hay otro escenario bastante interesante: la fusión de archivos de configuración. Hoy muchos proyectos usan IA como apoyo para generar configuraciones de K8s, definiciones de Spring Bean o archivos de diseño de Android; al unir fragmentos XML de distintas fuentes, las sangrías y los espacios de nombres suelen chocar. La herramienta de formateo puede realinear esos fragmentos y hacer que todo el archivo parezca escrito por una sola persona.
Así que ya ves: cuanto más potente es la IA escribiendo código, más XML se genera, y más necesita ese XML ser ordenado. La herramienta de formateo se ha convertido en infraestructura de la era de la IA, como en la cocina: cuanto más afilado el cuchillo, más importante la tabla de cortar. No produce código, pero hace que el código sea legible, editable y mantenible. Esa es probablemente la razón por la que una pequeña herramienta aparentemente discreta se ha afianzado en la ola de la IA.